domingo, 6 de junio de 2010

Nadal, lágrimas sobre la tierra

La alegría no era ganar, era volver. Cuando terminó el partido, Nadal se tiró al suelo miró al cielo y rompió a llorar como nunca antes había hecho. Un llanto prolongado, profundo, casi desconsolado, de ese tipo de lloros que suponen una catarsis absoluta.

El balear hace tiempo que convirtió la victoria en rutina, pero esta no es una más, es la demostración de que Nadal sigue vivo y ansioso por volar alto, que las lesiones existen pero no ha llegado aún la que le deje fuera del negocio.

"Ha sido muchísimo más que un sueño estar aquí después de un año muy duro", comentó cuando recibía el trofeo de los mosqueteros, ese que señala al campeón en París y del que el español ya tiene cinco reproducciones. Ya no intenta esconder lo mal que lo ha pasado. Ha estado un año diciendo que se encontraba bien, minusvalorando los malos momentos de cara al público como defensa, aunque las sensaciones no siempre acompañasen. Ahora ya no necesita decir que está bien, lo demuestran los hechos.

Su tenis durante los 15 días de Roland Garros -extensible a los dos meses de la temporada de tierra- ha sido perfecto. Los datos dejan en ridículo al resto de tenistas del mundo: no ha perdido un solo set en París, ha ganado 22 partidos consecutivos y sólo ha cedido dos mangas (Almagro y Gulbis hicieron la heroicidad). Nunca nadie había llegado a estas cotas sobre la tierra, su juego defensivo es algo nunca visto, sus armas de ataque se depuran cada día para formar un jugador sin fisuras.

Aunque parezca increíble todo este periplo victorioso lo ha hecho con una mochila llena de plomo en la espalda. Como él mismo reconoció tras el partido durante estas últimas semanas, la ansiedad ha sido una compañera de viaje que lastraba sus sensaciones. A pesar de la carga ha llegado a buen puerto.

"Durante todo el año no he podido contener los nervios, hoy he conseguido serenarme", comentó tras el encuentro. La mano no le tembló ni siquiera cuando Soderling disponía a su favor de bolas de break. Las ocho que tuvo terminaron del lado de Nadal, que no perdió su servicio en todo el partido. Las dudas de los últimos meses se han disipado poco a poco. Primero ganó un torneo, luego venció a un top-10 (Federer ni más ni menos) y , finalmente, cerró el círculo y volvió a hacer de la pista Philippe Chatrier el patio de su casa.

Via:http://www.publico.es

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