sábado, 5 de junio de 2010

BILL GATES: "Dejaré una parte pequeña de mi dinero a mis hijos"

El plan era que yo iba a invitar a comer a Bill Gates. Habíamos quedado en Barcelona a las 14.30 el jueves y, sí, yo pagaba. Tendría una contraportada de EL PAÍS y una historia para aburrir a mi familia y amigos hasta el fin de los tiempos. Mis nietos se la contarían a los suyos. "Mi bisabuelo invitó una vez a comer al hombre más rico del mundo". Bueno, el mexicano Carlos Slim le acaba de relegar al segundo puesto pero en lo que va de siglo el mega millonario número uno ha sido el dueño y fundador del omnívoro gigante de la informática Microsoft.

"El objetivo es que mis hijos sientan la necesidad de trabajar"

"En mi labor en la fundación aprendo. Hay muchos desafíos"

"Carlos Slim está empezando a hacer una filantropía muy buena"

"He donado tanto que seguiré cayendo en los 'rankings' de ricos"

Cuanto más extravagante la comida, mejor. Es verdad que solo me iban a conceder 25 minutos, y hay un límite a lo que uno se puede gastar en un tapeo, por más bueno que sea el jamón, o el caviar. Pero el gesto hubiera tenido su puntito filántropico, ya que el dinero, en vez de gastárselo él se lo podría haber ahorrado para alimentar la que es hoy la pasión de su vida, la Fundación Gates, que opera en 100 países y ha invertido más de 33.000 millones de dólares (27.500 millones de euros) procedentes del patrimonio de Gates y su esposa, Melinda, para combatir la pobreza y su hermana gemela, la enfermedad.

Pero la comida se canceló. Se le estropeó el avión (privado, obviamente) antes de despegar de Nueva York y solo llegó a Barcelona, en otro avión privado, el jueves por la noche. No fui el único damnificado. Unas 600 personas citadas a mediodía del jueves para oírle dar una conferencia también se quedaron colgadas. Y ni hablar de la pobre gente que se había pasado meses preparando el gran evento.

Algo, al final, logramos montar: un hueco de 10 minutos para mí a las 9.40 de ayer. Con lo cual no había tiempo ni siquiera para comprarle un café. La posibilidad de lograr una exclusiva mundial, de revelar algo sobre los gustos gastronómicos de Bill Gates, se esfumó.

Entré en un saloncito del Museo de la Ciencia de Barcelona acompañado de una inglesa, encargada de comunicación para la Fundación Gates, otro señor que no se identificó, y Gates, vestido de traje claro y corbata amarillenta. Desde el principio al fin de la (breve) entrevista, ni la inglesa ni el otro dejaron ni un instante de tomar, frenéticamente, apuntes. Relajado y sonriente, como aparentemente inconsciente del torbellino de actividad nerviosa que generaba a su alrededor, Gates no podría haber estado más tranquilo, como si yo fuera un invitado a tomar el té un domingo por la tarde en su casa, sin límites de tiempo. Lo cual fue un problema. Intenté explicarle cuando empezamos que, como disponíamos de poco tiempo, y tenía unas 15 preguntas, que intentara calibrar sus respuestas. Logré hacerle seis.

La primera, ¿qué porcentaje de su tiempo dedica a la fundación? "Más del 90%". La segunda, ¿por qué lo hace, para buscarse una recompensa en el cielo? ¿Por qué no se dedica a comprar caballos de carreras o clubes de fútbol ingleses, como hacen los demás súper ricos del mundo?

-¿Dejará dinero a sus hijos?

-Les dejaré dinero pero el porcentaje será muy bajo. Mi mujer y yo hablamos bastante de lo que podría ser la cantidad indicada. El objetivo sería dejarles lo suficiente para que sientan la necesidad de trabajar y hacer algo, pero sin sentir que se tienen que preocupar. Ahora (sonríe), ¿existe un número que corresponda con ese mágico equilibrio?

-Hablando de número, ¿le ha molestado ver que este año ha descendido del primer puesto de los más ricos del mundo?

-Bueno, es fantástico que otra gente tenga dinero y que, esperemos, busque formas de devolverlo a la sociedad, y que disfruten de hacerlo. Carlos Slim está empezando a hacer una filantropía muy buena y es buenísimo que tenga los medios para poder hacerlo. Cuanto más, mejor, si vamos a poner el dinero a trabajar para el bien".

-¿Y su caída en los rankings?

-(En su respuesta Gates delata un sutil, y algo inesperado, punto de vanidad). He donado tanto de mi dinero que seguiré cayendo en los rankings. Si no hubiera donado mi dinero tendría casi el doble de lo que tengo".

La inglesa nos interrumpe, en este preciso instante, para decir que me queda una pregunta. Con lo cual lo que le quería preguntar sobre el cambio climático, la crisis económica, su fe (o no) religiosa, qué le gustaría hacer que no ha hecho en la vida, si Steve Jobs tiene razón cuando dice que la era del PC se está acabando, si la tecnología realmente ha hecho un mundo mejor, si el futuro de los periodistas y gente como yo que nos dedicamos a vender palabras está condenado a la extinción tendrá que esperar para otro día. Porque quería saber algo de su vida personal. Y estuvo bien que apunté por ese lado ya que Gates reveló que, más allá de su filantropía, su genialidad científica, su talento para los negocios y su pragmatismo también es un hombre romántico.

Via:http://www.elpais.com

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